quién hizo el logo tan lindo? ;o)
enero febrero marzo abril mayo junio agosto septiembre octubre noviembre diciembre
un (cuerpo)
para multiplicar
silencios
hoy digo presente
por julio que no está /me hago signo
te buscaron
en las zanjas
en los pastos
en las falsas alarmas
yo no te busqué /pero te señalo
y no me callo



si logré hacerme entender van a encontrar manifiesto en este manifiesto que yo manifiesto de modo manifiesto lo manifiesto de mi posición al respecto de lo que entiendo por poesía.
antetodo el lector. y la lectora. lxs lectorxs.
hay poesía en tanto hay lectorxs de poesía leyendo. esto es lo que intenté demostrar en mi ensayo Sobre el uso de la metáfora en las instrucciones de material odontológico descartable, al referirme al ready-made en cuestión. la poesía adviene en tanto yo leo como poeta. la conquista la efectúan lxs lectorxs para la poesía. por el momento no hago más que clavar un banderín sobre un cráneo inclinado.
se sugieren entonces lo siguiente:
poeta/musa
lector/poeta

buenos aires, 7 de abril de 2007, 14:31
para la hermosa dominique en sus 22, esta versión.
| but also dying (as well as to cry and sing my love and wonder)is something you have and i ’ve been doing as long as to (yes)forget(and longer dear)our birth’s the because of a why but our doom is to grow(remember this my sweet)not only wherever the sun and the stars and the moon are we’re;but also nowhere | pero también morir (así como llorar y cantar, mi amor y preguntarse)es algo que vos has y yo he estado haciendo lo suficiente para (sí)olvidar(y más aún querida)que nuestro nacimiento es el porque de un por qué pero nuestra fatalidad es crecer(recordá esto dulce mía)no sólo dondequiera que el sol y las estrellas y la luna están estamos;sino también en ninguna parte |
e. e. cummings, 95 poems


los colectivos derraman
gasoil
en la orilla de la avenida
hay aureolas
turquesa
fucsia
violeta
mi ciudad mantel
empilcha sus piernas de azotea
con unas delicadas redes de asfalto.
el adoquín sale a respirar
y recuerda sueños de buques cargueros
vendiendo con su vaivén liberal
el deseo de una clase: ser nación.
granos de ida y piedras de vuelta,
dulce grano que devoran las palomas
hasta reventar bajo la rueda.
y si los gusanos, mi amor, te dan asco
no te olvides nunca que vos también
vas a ser el caldo de ese puchero.
las vías del trolebús, inútiles,
afirman su casto amor paralelo
como los amantes al suspirar
encandilados los ojos por la luna
borrachos de caricias y de besos
se promenten un siempre que no existe
porque siempre hay un tres en el amor
y si esta noche, travestis exiliadas
en el rosedal se corrœn la tanga
para tirarte mejor sus besos negros
vos, mi amor, ¿dirías que sí o que no
a esas afroditas que salen del lago
con el himen renovado y la son
risa de gardel?
Recostado sobre la camilla de mi dentista, la boca abierta al máximo, conversaba con ella, mi dentista, sobre las distintas propiedades de los metales utilizados para fines ortodónticos –ella elogiaba el oro, el metal perfecto, decía, eterno, de una dureza igual al diente. Recuerdo que en ese momento me llamó la atención que no dijese piezas dentales: en realidad, mi dentista es de lo más peculiar. Número uno: no usa guantes, lo que la obliga a untarse las manos con dosis pyme de crema humectante que un dispenser de tamaño alarmante eyacula con frecuencia semental. Segundo: mi dentista es pediátrica: no tiene reparos en demorarse en las más imaginarias explicaciones sobre el proceso ortodóntico, y creo que yo, por mi parte, más de una vez he sido tomado por el discurso infantil al preguntar urgentes tonterías y mirarlo todo con curiosidad voraz. Tercero: escucha música clásica y romántica en el consultorio a volúmenes que cabría esperar de la escuela de recepción punk, lo que impone un simpático juego ritual donde yo arriesgo un autor y ella sanciona mi respuesta –para orgullo de mi madre, más de una vez correcta. En este último tiempo he estado confundiendo a Chopin con Beethoven, esos edulcoradamente empalagosos acordes que, en hábil maniobra comercial, ella, mi dentista, nos convida para que proliferen caries y periodontitis auditivas por doquier.
Sucedió entonces que tras esa charla donde yo participaba a los tumbos, temeroso de un dolor que no llegaba, una expectativa ya familiar, me recomendó una marca de cepillos y partí raudo a la farmacia. Una vez allí, no tardé en ubicar los cepillos en cuestión obscenamente ofrecidos en punta de góndola como un libro premiado, y me dispuse a leer las instrucciones en el dorso del packaging. Me demoré unos instantes en el hermoso logo de la marca: unos ligeros pétalos superpuestos que un pasaje por el diseño gráfico (oh divergente curricullum vitae) me permitieron admirar con un mínimo rigor profesional. Fue así como leí lo siguiente: «Coloque el cepillo Bucal 311 a 45° del diente a la altura de la encía. Presione suavemente y con movimientos anteposteriores suaves, (como si las cerdas bailaran el hula-hula) cepille las superficies internas y externas de todos los dientes.»
En el horizonte del discurso científico, en los textos de divulgación comercial, jamás se vio comparación más osada, confusa y elocuente. Celebrémosla como una nueva conquista de la poesía. ¡Enhorabuena, poetas!
My blog is worth $5,645.40.
How much is your blog worth?