lunes, 23 de octubre de 2006

Sobre el bigote amateur



A Nico Lantos, bigotista


Quien ha tomado la decisión de dejarse crecer el bigote obtiene una propiedad singular, una verdadera mascota que, entre su nariz y su boca, será nuevo el protagonista a la hora del espejo. El principiante no tarda en notar las novedades en su percepción del ambiente: se iluminan en la calle, en el ascensor, en las tapas de revistas esos pequeños arbustos podados que ostentan, orgullosos de su arte, los otros bigotudos. ¡Qué envidia siento!, piensa el amateur si es ducho en reconocer sus propias emociones, y se pregunta ¿qué he de hacer para lograr esa frondosidad, ese fileteo tan art-nouveau, aquel triángulo tan isósceles? Porque es así, el fileteo es un art-nouveau litoral: las curvas, las formas vegetales, los pajaritos, ¡nada falta en él! Esa curiosidad voraz que sujeta al amateur lo incita a abandonar su ingenuo amor por lo natural, estoy dispuesto, piensa, a usar talco, fijador, tijeras, haré lo que sea. Su investigación exige, ante todo, desfachatez. Animado, interroga a los paseantes, en quienes cree ver sabios camaradas. Recaba información, la coteja, almacena y desecha para, al fin, dejarse caer extenuado sobre la cama, y recién entonces, con los brazos cruzados bajo su cabeza, ver con una sonrisa las puntas que asoman, incipientes. Ha conjeturado la verdad última: ¡paciencia, que ya crecerá!

2 comentarios:

valeria dijo...

viva el bigotismo exasperado, la masculinidad fileteada!
que te crezca sano y brilloso, m´hijo!

lahe dijo...

que viva!
una lástima es
que a las chicas les sea tan difícil lograr un bigote frondoso frondoso.
pero a no desesperar. quién sabe?